21 March – 21 June 2016 in Florence, Rome, Naples, Palermo, Padua

El eclipse de Sol del 22 de diciembre de 1870

Del Diario de Cádiz tomamos el siguiente curioso artículo sobre

EL ECLIPSE DE SOL
DEL 22 DE DICIEMBRE DE 1870.
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Al proponernos reunir en una reseña sin pretensiones de ningún género, y humilde como nuestro pobre saber, el conjunto de las cortas observaciones á las cuales nos hemos dedicado con motivo del eclipse de sol que tuyo lugar en el dia de ayer, no llevamos mas objeto que el de suministrar à los benévolos lectores del Diario unos cuantos datos, datos imperfectos por supuesto como han de serlo necesariamente los que son recogidos por personas que como nosotros, declinan desde luego su competencia en la materia, por no poseer mas que una dósis en estremo escasa de los cientificos y especiales conocimientos que para tan importantes como arduos estudios son requisitos de todo punto indispensables.
Mas antes de ocuparnos de este notable fenómeno celeste y rozando tan solo los bordes de la ciencia sin atrevernos á penetrar demasiado en ella, vamos á condensar en una breve y sencilla esplicacion, cuantas nociones se tienen ya adquiridas acerca de los eclipses, esplicacion que esperamos sea fàcilmente comprendida por cuantos nos lean.
Empezando por dar la definicion de la palabra eclipse, diremos que se emplea para indicar el tiempo mas ó menos largo, durante el cual uno de los cuerpos celestes queda privado de su luz á la vista de los habitantes del globo terráqueo.
Los eclipses se dividen en dos clases: reales y aparentes. Los reales son los de Luna, mientras que los de Sol son tan solo aparentes.
En efecto, en el primer caso nuestro planeta interponiéndose entre el Sol y su satélite, oculta por completo a este último la vista del primero, interceptando por consiguiente el paso á los rayo de aquel que al reflejarse sobre la Luna, dan á esta el aspecto de un cuerpo luminoso cuando en realidad es opaco como todos sabemos. Por esto el eclipse es real, pues en aquellos momentos la Luna no recibe claridad alguna.
En el segundo caso sucede todo lo contrario. Entonces la Luna es la que viene á interponerse entre nuestro globo y el astro del dia, proyectando sobre ciertos puntos de nuestro planeta una faja de sombra que impide por consiguiente al observador situado en los referidos sitios ver al Sol, por mas que este permanezca oompletamente luminoso é ilumine las demas partes, por las cuales no pase la sombra de la Luna al proyectarse sobre la superficie terrestre.
Los eclipses de Sol pueden ser totales, parciales ó anulares.

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Eclisse solare del 1870 fotografata da Charles Young a Cadice.

Son totales cuando, como esta palabra lo indica, el disco de la Luna oculta por completo el del Sol á la vista del observador. Mas para que esto suceda, es preciso que nuestro satélite se halle en el perigeo, ó sea en el punto de la órbita que describe, en el cual se encuentra precisamente mas próximo á la Tierra, y el Sol en el apogeo, ó sea en el punto culminante de su órbita en el cual se halla à mayor distancia de nuestro planeta. Cuando esto sucede, el disco lunar aparece al que lo examina algo mayor que el solar, y el vértice del cono de sombra llega entonces hasta la Tierra. Dada la velocidad de la marcha de nuestro satélite, que en una hora se aproxima al Sol treinta minutos de arco, cantidad que corresponde en laTierra á 1,680 millas, ese total puede considerarse también como la velocidad horaria de la sombra en aquella región en la cual al eje del cono de sombra ocupa una posicion perpendicular à la superficie terrestre.
De aquí que la completa oscuracion del disco solar dure poquísimo tiempo, y ese tiempo, que ha sido exactamente determinado por la ciencia, se calcula en 5 minutos à lo sumo, si bien en virtud del movimiento giratorio do nuestro planeta, la duración de un eclipse total puede llegar á ser de unos ocho minutos para el observador colocado en el Ecuador.
Claro está que aquellos eclipses son visibles únicamente en los puntos por 1os cuales la sombra proyectada por la Luna va pasando.
Los eclipses son parciales cuando la Luna no oculta mas que una parte del Sol; y son, рor fin, anulares cuando el disco de nuestro satélite se proyecta en el Sol dejando en derredor del astro un anillo luminoso.
Completemos en lo posible estas nociones generales diciendo que los eclipses de Luna son visibles para todas, las regiones de la Tierra alumbradas por aquella en los momentos en los cuales la sombra de esta, invadiendo el disco lunar, impide que este refleje la luz que le envia el Sol; mientras que los de Sol pueden ser tan solo observados en los puntos por los cuales pasa la sombra lunar, razon por la cual estos puntos han de representar una parte muy pequeña de la superficie terrestre.
Un eclipse total tiene dos momentos en estremo curiosos y que fijan siempre la preferente atencion de los observadores.
El primero es el de la inmersión ó ргесisо instante en el cual empieza el primer contado de los limbos del Sol y de la Lana, y el de la emersion que señala el momento en el cual dichos dos limbos se tocan por última vez Estas observaciones, que sirven para precisar el principio y fin del eclipse, se completan por otra observación no menos interesante, que consiste en determinar el principio y fin del eclipse total, que como hemos dicho ya ofrece una duración de ocho minutos á lo sumo, dado el supuesto de que el observador se habe situado en la línea ecuatorial.
De todos estos momentos, el mas difícil de anotar es indudablemente aquel en el cual por vez primera tiene lugar el contacto de los limbos ó bordes del Sol y Luna, porque aun cuando se conozca de antemano el punto del disco solar en que aquel ha de verificarse, no puede tenerse una completa certeza del referido contacto, sino cuando se ve ya una parte de la Luna, por pequeña que sea, sesgar con oscura mancha el brillante disco del Sol.
Segun llevamos dicho anteriormente, los eclipses de Sol no son, por consiguiente, otra cosa sino el paso de la Luna por delante del disco solar, al cual en los eclipses totales, llega à cubrir por completo.
Demos fin aquí á estas nociones generales, puesto que todo cuanto pudiéramos añadir, fuera penetrar en los dominios de la ciencia, empresa muy superior á nuestras débiles fuerzas, y pasemos á dar cuenta á nuestros lectores, á grandes rasgos y con brocha gorda, como vulgarmente se dice, de nuestras nada científicas observaciones.
Ha sido verdaderamente en estremo de sentir que el estado nebuloso de l’atmósfera haya impedido seguir en todas sus fases, la marcha de tan interesante fenómeno.
Un denso celaje, interpuesto casi continuamente entre la Tierra y los espacios celestes, no nos ha permitido ver el Sol; sino de vez en cuando y siempre durante brevísimos momentos. Cuando una capa menos densa de nubes, dando paso á los rayos solares, nos ha permitido distinguir al astro luminoso, eran ya mas de las 10.24 m hora en la cual debía tener lugar el primor contacto da los timbos de los dos Cuerpos Celestes, y como la cerrazon era general, creemos que en Cádiz, por lo menos, no habrá habido quien haya podido notar el preciso instante en el cual se ha verificado la primera impresión de la Luna en el disico del Sol. Por igual causa no se ha podido observar tampoco en nuestra población la sombra de nuestro satélite que en el eclipse de 1860 parecía un negro y gigantesco fantasma, precipitandose rápida sobre la Tierra desde los estremos limites del horizonte. Un instante ha podido creerse que la atmósfera iba á despejarse, pero bien pronto nubes mas negras, mas cargadas de lluvia, se amontonaron encima de nuestras cabezas, haciéndonos temer que el agua que empezaba á caer, se convirtiera en un verdadero diluvio: tan encapotado estaba el cariz que presentaba en aquellos momentos la atmósfera.

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Spedizione scientifica a Jerez de la Frontera

Como se vé рог lo que precede, el dia se prestaba poco á las observaciones que muchas personas, unas con gran acopio de conocimientos especiales, otras,—y en el número de estas últimas nos contamos,—nada mas que con nociones en estremo imperfectas, se preparaban à hacer.
Entretanto el eclipse pasaba paulatinamente por sus diferentes fases; cuando el Sol aparecía á nuestra vista, nos era dado notar la invasión lenta y constante del oscuro disco lunar, que lo sesgaba más y más por su parte occidental (vision directa.) La claridad decrecia por momentos y las nubes tomaban un color amarillento, parecido al que se suele observar cuando se prepara una gran tormenta. A merida que—acercándose еl eclipse à su totalidad—la oscuridad iba creciendo, las gaviotas, sorprendidas por una noche que tan de improviso llegaba, revoloteaban asustadas por el espacio.
A las 11 y 45m el sol no presentaba ya mas que una ligera falce (hoz), cuya claridad no ofendia la vista y podia soportarse perfectamente sin el ausilio de vidrios moderadores. La oscuridad era casi completa. El momento de la totalidad se acercaba.
Esa oscuridad fué creciendo aun durante cinco minutos.
De improviso el último filete luminoso desapareció, á la par que una pálida aureola, de un blanco plateado, se diseñaba en derredor del astro eclipsado, que las nubes nos permitieron poder contemplar en aquel solemne momento.
Nuestra vista interrogaba ansiosa aquella dudosa claridad, que irradiaba en derredor del Astro del dia. El aspecto del Cielo era admirable imponente. Entonces sentimos en nuestro corazón un sentimiento de profundo recogimiento; hubiéramos querido que á la magestad de aquel fenómeno se hubiese unido un compelo silencio. A simple vista podíamos distinguir el рlaneta Venus, y otro astro que supusimos ser una estrella, brillaba á nuestro cénit, ó sea en el punto de la esfera celeste perpendicular á nuestra cabeza. En los bordes de la Luna distinguíamos unas protuberancias de indefinible color; protuberancias que, segun el resultado de los descubrimientos que la ciencia debe desde el eclipse observado en 1868 al astrónomo Janssen, «son unas formaciones derivadas de una especie de atmósfera que envuelve al Sol, atmósfera compuesta en su mayor parte de hidrógeno, y á la cual se dà el nombre de chromo-esfera
Asi trascurrieron dos minutos y cuatro segundos, pasados los cuales un blanco punto luminoso, cuya intensa claridad nos hizo pensar involuntariamente en la luz eléctrica, con la cual tenia à no dudarlo, notable semejanza, irradió de nuevo en el espacio. En las calles, plazas y azoteas, ruidosas aclamaciones saludaron la reaparición del dia, al cual los gallos tambien desde sus gallineros dieron la acostumbrada bienvenida, cual si realmente amaneciera.
La totalidad del eclipse de Sol habla terminado. No nos ocuparemos por mis tiempo de los distintas fases por las cuales fué pasando el fenómeno cuya reseña, mal que bien, hemos procurado hacer. Otras plumas mas autorizadas que la nuestra, se encargarán de todo cuanto en él tiene relacion con la ciencia. Solo si dirémos, que durante el eclipse de ayer, se hicieron por las comisiones establecidas al efecto en varios puntos de nuestra población y que tenian todas рoг presidente á nuestro digno amigo el señor D. Vicente Rubio, entendido director del Instituto Gaditano, muchas y muy interesantes observaciones, observaciones que al menos asi lo esperamos, verán en breve la luz de la publicidad.
Segun datos que por fidedigno conducto nos han sido suministrados, sabemos que el eclipse influyó bastante sobre el estado de los enfermos sometidos á la observación de la ciencia médica, esperimentando casi todos fuertes dolores de cabeza y sofriendo dos de ellos una disminución de 5 pulsaciones por minuto.
Los que padecen del pecho sintieron también mayor opresión que de ordinario. Por último; en uno que estaba atacado de una erisipela, se notó una recrudecencia sensible en la afección que le aqueja.
Si de la Medicina pasamos á la Вotánica, harémos constar asimismo que la acacia mimosa, planta en la cual se observaba desde las 9 h.10 m. de la m. alguna variación, fué cerrando poco á poco sus hojas superiores, quedando en el momento de la totalidad del eclipse, cual so presenta cuando es de noche; otra planta, el aromo,empezó á contraerse dos minutos antes de la mayor intensidad del fenómeno celeste, y siguió en ese estado hasta el fin de la totalidad, cual si se hallara sometida á una especie de influencia eléctrica. En cuanto al recio ó relente que cae durante las noches y que suele, también acompañar los eclipses como el que ayer presenciamos, no pudo notarse en el suelo ni en las hojas de los arboles, lo cual no es de estrañar, si se ti ce en cuenta lo encapotado del cielo durante toda la duración del fenómeno
La temperatura tampoco varió de un modo sensible, escepto unos cuantos instantes antes de la totalidad, efecto de un viento bastante frió que se levantó y produjo un descenso de unos tres grados centígrados en un termómetro que de antemano habíamos colocado al aire libre.
Demos ahora punto á este defectuoso artículo, lamentándonos una vez mas de que el estado del tiempo no haya favorecido las observaciones, y deseando á los quo hay in tenido la paciencia de seguirnos hasta aquí, que vivan todavía el 28 de mayo de 1900 para poder presenciar otro fenómeno de igual naturaleza, pues hasta dentro de 30 nos no habrá otro eclipse total de sol, que sea visible en nuestra Peninsula. ¿Quien lo verá? ¡Dios solo lo sabe!

Boletin de Comercio, 1870, A. XXXIII, n. 302

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